Archive for Juan Carlos Monedero

El Presidente Maduro saluda a Monedero (lamentablemente, el Príncipe Felipe ya no estaba)

Nicolás Maduro saluda a algunos de los invitados internacionales. Tengo el orgullo de que lo haga conmigo, puño en alto. Me sentía parte de esa Europa que está en la calle haciendo presencia en la Venezuela que llora a Chávez pero sabe que la lucha sigue. Adelante.

“Venezuela: la revolución mágica”, en M. Thwaites, El Estado en América Latina

El Estado en América Latina

Mabel Thwaites Rey. [Editora]
Victor Manuel Moncayo C.. Mabel Thwaites Rey. Hernán Ouviña. Martín Cortés. María Susana Bonetto. Massimo Modonesi. Guillermo Almeyra. Juan Carlos Gómez Leyton. Beatriz Rajland. Alberto Bonnet. Pedro Narbondo. Franklin Ramírez Gallegos. Jorge Viaña. Juan Carlos Monedero. Carlos Velásquez Carillo. [Autores de Capítulo]
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Colección Grupos de Trabajo.
ISBN 978-956-8114-97-8
CLACSO. Editorial Arcis.
Santiago de Chile.
Noviembre de 2012

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Malí: territorio de conflicto capitalista. Entrevista en TeleSur

Prólogo a la segunda edición de Empresas de Producción Social

PRÓLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN

Y el socialismo va….

Desde la primera edición de este libro, en el verano de 2006, Venezuela ha avanzado con firmeza hacia la nueva meta socialista. Tras la caída del Muro de Berlín, el socialismo, durante doscientos años sinónimo de arrojo, libertad y justicia, había desaparecido como concepto, apenas rescatado como un cuchillo mellado por la avergonzada tercera vía. Hoy, como un nuevo fantasma al que ya no le basta Europa como continente para recorrer, se extiende desde el Sur por todo el planeta. Una vez más se sienta en la mesa de los grandes debates y, de nuevo, concita el enfrentamiento de quien vive del privilegio. Venezuela, un pequeño país apenas presente en el concierto mundial, devolvía al socialismo el lugar que había perdido durante el siglo XX.

 

Fue apenas en 2005 que el Presidente Chávez anunció, desde el Foro Social Mundial, que la solución era el socialismo. Apenas dos años antes de las elecciones presidenciales de diciembre de 2006, donde, después de una campaña centrada en la promesa de acelerar la construcción del socialismo, ganó con el 63% de los votos. En esos comicios se dio una participación histórica del 73%, y se aumentó la brecha entre los partidarios de la V República y los sectores de la oposición. Hacía una generación que un discurso socialista no arrasaba en las urnas.

 

En cumplimiento de ese compromiso electoral, se empezó con la renacionalización de sectores estratégicos que en el delirio privatizador neoliberal habían quedado en manos particulares. Se recuperó la CANTV, dotando al sector público de un sólido entramado de comunicaciones. Pese a muchas presiones, volvieron a titularidad estatal las empresas petroleras de la franja del Orinoco, de la misma manera que fue estatizada la porción del sector eléctrico no controlada por el Estado venezolano.

 

Otra decisión que generó, por su relevancia, una amplia protesta internacional de los sectores empresariales y de la derecha política, fue la no renovación de la concesión del espacio radioeléctrico a Radio Caracas Televisión (RCTV). Este consorcio empresarial, que había disfrutado de una suerte de cuasi monopolio durante 53 años, perdía ese privilegio, y su frecuencia, siguiendo el mandato constitucional, regresaba a manos de los poderes públicos, quien lo usaría para poner en el aire un nuevo canal de propiedad pública y contenido social.

 

En una línea similar, se zanjaron todos los compromisos con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, para gran sorpresa de un entramado financiero acostumbrado a recibir un cheque mensual a cargo de un dinero prestado hace décadas y devuelto con creces. Tanto esta ruptura de la dependencia con dos de las principales instituciones del Estado transnacional que administra la globalización neoliberal, como de un medio de comunicación que se ha caracterizado en Venezuela como el principal responsable de la guerra mediática, se estaba golpeando a las estructuras principales que, desde mediados de los años setenta, hicieron posible el modelo neoliberal en el mundo. Si añadimos el esfuerzo armamentístico realizado en Venezuela con la compra de aviones, helicópteros y fusiles de asalto, nos encontramos con que el país de Simón Bolivar está desafiando, por vez primera desde la experiencia chilena de Salvador Allende, el entramado de poder que condenó a América Latina al abandono durante casi tres décadas. Pero además, para enfado del caprichoso imperio, desde una posición blindada respecto de lo que tradicionalmente fueron respuestas a tales muestras de soberanía: una invasión exterior o un golpe interno apoyado desde Estados Unidos.

 

Consciente de la necesidad de impulsar la fase del socialismo, el Presidente Chávez inauguró el año 2007 con los que llamó cinco motores, cinco grandes programas públicos dirigidos a los ámbitos sociales más relevantes para construir una sociedad asentada sobre unas nuevas reglas del juego.

 

El primer motor o de la Ley Habilitante, está dirigido, según una posibilidad común en el parlamentarismo venezolano, a conferir poderes legislativos al Presidente con el fin de actualizar la legislación y adaptarla al nuevo modelo, así como a recuperar aquellos ámbitos perdidos durante la etapa privatizadora neoliberal. De igual manera, busca servir para remozar elementos tan arcaicos como el código de comercio venezolano, con más de un siglo de vigencia.

 

El segundo motor, de la Reforma Constitucional, pretende superar las limitaciones del texto de 1999, un texto avanzado en su época pero que, sin embargo, fue preso del momento constitucional de aquel entonces. En esas circunstancias e influido por la resaca neoliberal, establecía la independencia del Banco Central o no contemplaba la reserva nacional para actividades como la gasífera, de la misma forma que alentaba las privatizaciones.

 

El tercer motor, Moral y Luces, es una garantía esencial: un socialismo que quiere serlo y busca permanecer en el tiempo debe estar sostenido por socialistas. En otras palabras, no hay socialismo sin socialistas. Como se planteó en este libro, el hombre nuevo es el hombre viejo en nuevas circunstancias, y esas nuevas circunstancias no son a su vez sino un nuevo entramado de relaciones sociales tejido sobre nuevas bases asumidas y respetadas. Los valores, fuente permanente e inagotable de regulación social, están repartidos y sostenidos por toda la sociedad. Sin una apropiación personal de los valores socialistas, no es posible construir el socialismo, pues no se trata de una tarea de ingeniería jurídica, administrativa o económica, sino de la posibilidad de construir las relaciones sociales sobre bases diferentes a las que se han asentado en buena parte del planeta durante los últimos cuatrocientos años.

 

El cuarto motor tiene como objetivo el reordenamiento, con bases socialistas, de la geopolítica nacional. La nueva geometría del poder trata de romper con el desequilibrio territorial, militar, educacional, económico, etc., que ha afectado históricamente a Venezuela. Más específicamente, lo que se pretende es repensar el territorio desde la perspectiva de la identificación de los ámbitos más apropiados para el despliegue participativo del poder popular, recuperando el  profundo arraigo ecológico que reposaba en las tradiciones de los pueblos originarios.

Por último, como base de articulación política de todo este nuevo entramado, está el quinto motor, la Explosión del poder comunal, muy relacionado con la puesta en marcha del Partido Socialista Unido de Venezuela. Tanto el PSUV como la rearticulación administrativa del poder comunal son los dos grandes pilares para la reestructuración de un país que nunca tuvo un Estado consolidado ni una administración eficaz ni una burocracia que mereciera tal nombre. La promesa electoral de la campaña de diciembre de 2006 empezaba a cumplirse con la puesta en marcha de estos motores[1].

 

En el terreno concreto que nos ocupa ¿qué ha pasado con la EPS en este último año? Quizá ahora recomendaríamos empezar el libro por el final, esto es, por el anexo IV, donde se narraban, en una suerte de mezcolanza no exenta de perversidad, las mejores y peores experiencias en la creación de EPS. Pasado un verano, un otoño, un invierno y una primavera, las EPS mal concebidas siguen siendo la norma, mientras que las EPS virtuosas siguen siendo las menos. La propia estructura económica venezolana desde 1998 nos ayuda a explicar las dificultades por las que pasan tanto la creación de EPS virtuosas como de empresas socialistas que sean algo más que empresas ineficientes sostenidas por la bonanza de los altos precios del petróleo. De la misma norma, los vacíos legales siguen ocupando la misma cantidad de hueco, colaborando esa indefinición a la regular marcha de la EPS. Es el momento de recordar que la Ley Habilitante puede cubrir esas lagunas que lastran el vuelo de las empresas de producción social.

 

Es conveniente trazar algunos aspectos esenciales de la economía venezolana con el fin de ubicar el espacio que le corresponde a las EPS. Con la brevedad de un prólogo podemos diferenciar cuatro grandes momentos. En primer lugar, una fase paliativa, destinada a pagar la parte más urgente e inaplazable de la deuda social existente en el país y agravada en la última etapa de la IV República. Esta fase paliativa estuvo regida por la buena voluntad, la ingenuidad de pensar que el Estado de la IV República podía servir para la Quinta,  y por una no menos gravosa falta de experiencia. No fue sino a partir de 2003 que se empezó a encauzar con la puesta en marcha de las misiones. El segundo ámbito tiene que ver con la creación de bases estructurales en un país rentista que se acostumbró a importarlo todo y que no se ocupó, salvo en contadas ocasiones, de trazar un mapa de futuro. En este momento estructurante tenemos que considerar la articulación local-estadal-central de algunas misiones (con el caso emblemático de Barrio Adentro, reorganizado en su cuarta fase con la red de hospitales nacional); la creación de infraestructuras tales como puentes, carreteras, trenes, metros; sistemas de riego; el establecimiento de nuevas ciudades; o la garantía de suministro eléctrico tanto para el consumo humano como para las necesidades industriales.

 

La tercera fase, en donde encontramos a las EPS, tiene dos grandes aspectos. Por un lado, lo que podríamos denominar capitalismo de Estado, esto, es, la conversión del Estado en un gran empresario que gestiona dentro de un marco general capitalista. El Estado, administrador de la propiedad social, gestiona las empresas públicas bajo las lógicas del capital: taylorismo, neofordismo, explotación del individuo, enajenación y división social del trabajo. Esto no quita para que este comportamiento se complemente con las dos fases anteriores, de manera que la tarea del Estado como empresario redunda en una clarísima redistribución de la renta que se ha generalizado por el país (según informes del Banco Central difundidos en mayo de 2007 y avalados por diferentes organismos de la sociedad civil, el 90% de los venezolanos y venezolanas ya realizaba tres comidas al día. Igualmente, se ha incrementado la capacidad de ahorro en sectores medios de la sociedad y ha aparecido esta variable en aquellos estratos condenados históricamente al gasto total de su ingreso en pos de una precaria sobrevivencia). En esta misma dirección, se constata que el grueso del empleo creado ha sido en el sector público.

 

La otra cara de este tercer momento, el del capitalismo de Estado, lo podemos denominar socialismo de mercado, es decir, presupuestos socialistas que operan en un marco general capitalista o de mercado.  Las actividades de este ámbito se desenvuelven en el capitalismo pero no son capitalistas o quieren superarlo. Son las Empresas de Producción Social, las Empresas Socialistas (como INVEVAL), o el principio de intercambio sobre el que descansa el ALBA. En cada uno de estos comportamientos se debiera estar desbordando el capitalismo, del mismo modo que no se repetirían formas estatistas antiguas, así como tampoco la lógica de la Modernidad, caracterizada por su linealidad, su arrogancia eurocéntrica y colonial, su machismo y su productivismo. Este tercer momento surca la etapa de la transición al socialismo, algo que no se sabe cuando acaecerá, y que constantemente deja en la inquietud de no informar si se está más cerca de la meta o de la salida.

 

La cuarta fase, la del socialismo verdadero, donde cada uno entregará a la sociedad según sus posibilidades y solicitará a la misma según sus necesidades, reclamará una transformación interna cuyos plazos no están escritos. Es un buen momento para recordar las diferencias entre objetivos y medios, entre tácticas y estrategias, entre metas e instrumentos para alcanzarlas. El socialismo es la estrategia, es el programa de máximos, la meta, el faro que orienta la organización social. Necesita los tiempos de una nueva socialización, los lapsos de nuevas formas de organización social que, después de haber despensado anteriores esquemas, haga suya, legítima (lex intima), la nueva manera de pensar y sentir. Añadamos que, además, no será exitosa sino se acompaña de experiencias similares en, al menos, todos los países de la zona.

 

En mayo de 2007, el nóbel de la Paz Muhammad Yunus visitaba Caracas[2]. Traía la esperanza de una manera diferente de hacer las cosas. No es de extrañar su recepción en un mundo en donde, durante más de dos décadas, la pauta la dictó el “No hay alternativa” de Margaret Thatcher y el pensamiento único. Poco antes, con motivo de la recogida de un premio que le concedieron en Florida, afirmaba:

 

“La creatividad puede solventar todos los problemas. La pobreza es tan perversa en todas partes del mundo, especialmente en el mundo en desarrollo, no por culpa de las personas pobres, sino por el sistema que hemos desarrollado globalmente y sus instituciones y sistemas que hemos creado. No hay razón alguna para que alguien sea pobre”.

 

En sus propias palabras, su filosofía consiste en “hacer negocios para hacer el bien y no para hacer dinero”. El objetivo, pues, llegar a una situación en donde “los seres humanos no solamente estén preocupados por sí mismos, sino también por otros seres humanos”. Algo, insiste, que “nunca fue incorporado al capitalismo”.

 

No habla, sin embargo, Yunus de socialismo. El llamado banquero de los pobres maneja una concepción dual de los negocios. Por un lado, empresas netamente capitalistas (donde, como reconoce, se enriquece). Otras,  dentro de una versión de la  responsabilidad social empresarial que, a diferencia del común, está regida por la autenticidad. En el caso de Yunus,  no es una forma de recuperar la credibilidad después de tres décadas de rapiña neoliberal, sino una  forma de ayudar a la construcción de inclusión ciudadana. ¿Podríamos decir que estamos ante una Empresa de Producción Social? Pese a las simpatías que nos despierta el Presidente del Grameen Bank, en modo alguno podemos afirmar esto. Ahora bien, su manera de entender el compromiso comunitario de las empresas nos sirve para denunciar tanto la dejación de los gobiernos –que deja esa obligación a particulares- como la necesidad de pensar la economía desde bases diferentes a las que hoy nos dicta el sentido común hegemónico.

 

Para Yunus, una empresa es una empresa: “un negocio social es un negocio con un rendimiento para ayudar a otros, no una caridad”. Una empresa que produzca con pérdidas por su ineficiencia difícilmente estará en condiciones de ayudar a su entorno. La  tarea del Grameen Bank es extraordinaria: en tres décadas ha prestado un total de seis mil millones de dólares a siete millones de prestatarios. Para que ese proceso funcione, necesita reconstruir las bases de la confianza social. Para obtenerse un préstamo se reclaman cinco personas. Sólo dos lo reciben en primera instancia. Tres se vinculan a una especie de lista de espera condicionada a que los dos prestatarios iniciales reintegren el préstamo. Quizá por el hecho de que el 94% de los prestatarios son mujeres pobres, la tasa de devolucion de los préstamos es del  97%. Un ejemplo claro que contradice el sentido común propio del neoliberalismo. La necesidad de encontrar nuevas dimensiones es la única garantía de salir del laberinto neoliberal.

 

¿Puede avanzarse en esa senda desde presupuestos colectivos y no estrictamente particulares? En este año transcurrido, nos hemos preguntado en numerosas ocasiones, en escenarios de empresarios, por lo siguiente: ¿qué razones puede tener un próspero empresario de la economía capitalista para avanzar hacia una forma socialista como es una EPS? A lo largo de numerosas charlas hemos llegado a tres grandes razones:

 

(1)  por una convicción racional de que la inclusión social construye sociedades más armónicas que, en última instancia, hacen la vida más placentera. ¿Por qué lo que es justo en la teoría no ayudar a construirlo en la práctica?

(2)  Por ideología (que asuma la igualdad como una exigencia ligada a la dignidad humana) o por convicciones religiosas (si todos somos hijos de Dios ¿por qué vidas tan extremadas?)

(3)  Por presión popular, donde los trabajadores y la ciudadanía en general reclamen el fruto de su trabajo e, incluso, las deudas pendientes.

 

Es claro que, en el caso de Venezuela, fue la marea popular, enfrentada con las situaciones de opresión creadas por la IV República, las que forzaron la situación de transformación social y de reinvención democrática que ahora mismo se está viviendo. Tres grandes grupos de empresarios, curiosos ante el rumbo al socialismo en Venezuela,  nos hemos encontrado en estos últimos meses. Por un lado, aquellos que se niegan a cualquier tipo de cambio y que, dando un paso más allá, dificultan el rumbo poniendo todo tipo de obstáculos en el camino (ni que decir hace falta que los entramados mediáticos, con su confusa red de intereses, siempre aparecen en este escenario). Están también quienes, sin tener esa mala voluntad, necesitan más datos que les permitan tomar una decisión racional en la nueva dirección. E igualmente, no deja de ser cierto que esa presión popular, ahora expresada en el rumbo al socialismo, ha generado un profundo interés en sectores empresariales que antes habían desoído los dos primeros grupos de razones para interesarse por la marcha conjunta de la sociedad venezolana pero que ahora están dispuestos a caminar en el nuevo rumbo. Lo que hemos llamado el reformateo en EPS es una guía, basada en el capítulo V del Libro, que hemos presentado por todo el país.

 

En ese sentido, hemos sintetizado los rasgos característicos que toda empresa capitalista (pública o privada) debe ir incorporando de manera progresiva en aras de su reformateo en EPS. Se trata de una suerte de camino autosuministrado que acerca al concepto de EPS. Estos serían sus rasgos:

 

  1. Responsabilidad Social Empresarial: los empresarios disponen obras sociales en beneficio de la comunidad y no repercuten esos gasto a precios.
  2. vinculación con los problemas del entorno: coadyuvan a la organización social y en la búsqueda de soluciones, articulación con los Consejos Comunales, etcétera.
  3. producen para satisfacer necesidades sociales no para “vender por vender” con el único objetivo de incrementar sus ganancias: no estimulan el consumismo de productos innecesarios o suntuosos, se concentran en la manufactura de los artículos fundamentales para el sustento humano.
  4. distribución de los excedentes entre los propietarios de las empresas, sus trabajadores y la sociedad: no se enriquecen a expensas de la explotación del trabajo ajeno, sino que comparten los márgenes de ganancia.
  5. disminución del los beneficios particulares y aumento de los beneficios sociales: ganan lo suficiente y reducen los costos de las mercancía al máximo, en beneficio de la población.
  6. tejen relaciones de Comercio Justo: rompen las cadenas y las roscas de la distribución y la especulación, al intercambiar mercancías con la menor intermediación posible.
  7. se incorporan en los planes de formación de los trabajadores y trabajadoras: ayudan en la elevación de su cultura y conciencia.
  8. fomentan relaciones de democracia directa a lo interno de los centros laborales: elección de representantes y administradores, rendición de cuentas, contralorías de trabajadores, revocabilidad de mandatos.
  9. lo que producen se rige por los principios del valor de uso de la mercancía: no se produce por el valor comercial de determinados productos, amén de que lo que rentabilidad empresarial no riñe con la calidad ni con la producción con cifras azules.
  10. da una remuneración digna y regular a sus trabajadores: se orienta por el principio “a  cada cual según sus necesidades y trabajo”.
  11. destinan la producción entre quienes más la necesitan: se incorporan desinteresadamente en Planes de Protección Social para quienes están en condiciones de extrema exclusión y miseria.
  12. tienen un compromiso ecológico, prestando especial atención al derecho medioambiental de las generaciones futuras.
  13. se articulan con los Planes Gubernamentales de Desarrollo tales como los Núcleos de Desarrollo Endógeno, los Presupuestos Participativos, los Gabinetes Móviles…
  14. fomentan y/o tutelan nuevas empresas, cooperativas o asociaciones productivas sin ánimo de lucro y sin que medien intereses.
  15. asumen nuevos protocolos de atención al público: trato digno a los trabajadores, clientes y en general a todas las personas, superación de las prácticas burocráticas clientelares y el mal trato al que nos mal acostumbró la Cuarta República.
  16. Incorporan paulatinamente una concepción regional del compromiso social, colaborando en formas de intercambio no comercial como las regidas por el ALBA.

 

Detrás de esta somera lista, hay un elemento de reflexión crucial: en la Venezuela bolivariana están cambiando las reglas de juego. Si en democracia corresponde al pueblo definir las bases del ordenamiento social, asistimos a una redefinición de las mismas. Por esto, adaptarse a las nuevas reglas de juego (que cobrarán forma constitucional y serán sancionadas por la soberanía popular) comporta una disposición por parte de los empresarios para incorporarse voluntariamente en el circuito de las transformaciones nacional. No obstante, el diseño de la política pública bolivariana ha puesto en marcha un portafolio de incentivos para facilitar este reformateo: exoneraciones fiscales, compras estatales, financiamiento, aportación de maquinaria, etc., a través de la cual se ha acelerando la dinámica de adecuación empresarial. A comienzos de 2007, el programa Fábrica Adentro había incorporado a más de mil empresarios. Por el contrario, quien no esté dispuesto a reformatearse no aspirará obtener dichos incentivos, deberá pagar sus impuestos, acatar la ley, e inexorablemente tendrá que someterse a la opinión pública nacional, cada vez más consciente y movilizada en función de construir la propuesta socialista.

 

Es indudable que el Estado, por su importancia, pero también por sus debilidades históricas, sigue formando parte tanto del problema como de la solución. La debilidad de la clase empresarial venezolana, con tremendas debilidades a la hora de invertir productivamente (por el contrario, estimulada por la rápida riqueza de la especulación financiera), no siempre es cubierta por un Estado poco acostumbrado a salirse de su papel de gestor de la riqueza petrolera. Las amenazas de los cuellos de botella económicos son siempre el reto esencial del socialismo, una vez que el debate moral está claramente inclinado a su favor, aunque sólo fuera por la brutal desigualdad que genera el capitalismo y por la inmediata destrucción ecológica que produce.

 

En tal sentido, tras el contacto con la realidad concreta podemos dar por validadas las hipótesis vertidas en el texto sobre las EPS. Sólo la participación articulada y acompasada de los tres vértices de la pirámide “Estado,  comunidad y mercado”, así como la reconstrucción de las relaciones entre estos tres ámbitos, puede dar cuenta de los anhelos de desarrollo humano integral de los pueblos en esta fase de transición en la que nos encontramos.

 

En la transición rumbo a un nuevo socialismo, signada por una apuesta de economía mixta y complementaria, cabe la formulación de interrogantes que demandan de la inteligencia colectiva mayores esfuerzos creativos. ¿Cómo deben funcionar las empresas del Estado en la transición?, ¿Cómo se potencia la participación productiva de las comunidades?, ¿Qué se espera de las empresas capitalistas?, ¿Y de las cooperativas? ¿Cuál será el papel de las EPS?, ¿Cuáles son los lineamientos de política económica de corte socialista que deban emprenderse en la perspectiva estratégica? , ¿En qué porción debe ser diferente el nuevo modelo productivo del formato capitalista?, ¿Cuáles son los problemas más grandes y los principales desafíos de la economía venezolana?, ¿Cómo estimular la creación de nuevas EPS?, ¿Cuáles actividades y sectores se deben promover en la ruta productiva socialista?, ¿Cuál debe ser la relación del Estado, el mercado y las comunidades dentro de la nueva dinámica productiva?…

 

Las respuestas las encontramos en la forja cotidiana, en la sistematización de las experiencias exitosas emanadas de unos pueblos que nunca esperan a la teoría para dar satisfacción a sus necesidades y sus anhelos. Son tiempos de urgente prudencia.

 

En “El mundo al revés”, el poeta José Agustín Goytisolo escribía:

 

Érase una vez un lobito bueno
Al que maltrataban todos los corderos.

Y había también
Un príncipe malo, una bruja hermosa
Y un pirata honrado.

Todas estas cosas había una vez
Cuando yo pensaba el mundo al revés.
Todas estas cosas había una vez
Cuando yo pensaba el mundo al revés.

Tres décadas de neoliberalismo han trastocado el mundo. Príncipes y emperadores transnacionales, brujas y hechiceros mediáticos, piratas y corsarios de multinacionales, robaron la paz de los pueblos. El socialismo del siglo XXI sigue su rumbo y está devolviendo la barbarie del capitalismo al basurero de la historia.  Allí donde las trabas burocráticas obstaculicen la emancipación, allá donde el veneno de la corrupción manche la honestidad del esfuerzo colectivo, en los lugares en que cualquier privilegio quiera usurpar la dignidad particular y colectiva, el pueblo, despierto y politizado, deberá encontrar sus propias respuestas. Las Empresas de Producción Social siguen siendo un puntal de la nueva experimentación socialista. Venezuela sigue con las velas desplegadas.

 

Haiman El Troudi

Juan Carlos Monedero

 



[1] Esto no implica que todos los motores tengan una misma velocidad o que puedan llevarse a cabo con la misma certeza. Son las bases estructurales de una nueva transformación política y social que, como en tantas otras consideraciones, necesitarán décadas para consolidarse.

[2] Un resumen de esta gira en el semanario Quinto Día, del 11 al 18 de mayo de 2007, p.34.

La Venezuela bolivariana en su historia. Entrevista desapasionada en RNE, 14/10/2012

¿Posdemocracia? Frente al pesimismo de la nostalgia, el optimismo de la desobediencia

Artículo publicado en: Nueva Sociedad No 240,
julio-agosto de 2012, ISSN: 0251-3552, <www.nuso.org>.

Resumen: En tiempos de crisis, la compatibilidad entre el capitalismo y la democracia regresa como interrogante. La financiarización de la economía, la desregulación económica y la capacidad de presión de las grandes empresas son factores que limitan la capacidad de gestión del Estado. Igualmente, la cartelización de los partidos políticos, la saturación audiovisual, el imaginario hegemónico consumista y la asunción por parte de las clases medias del «capitalismo popular» debilitaron el compromiso de posguerra con los valores socialdemócratas. Esto lleva a una mirada nostálgica sobre la «democracia» perdida. Pero detrás de la «posdemocracia» se esconde un proceso de mayor calado: la centralidad de la «pospolítica», que neutraliza el elemento central de la democracia: el conflicto.

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Spaniens Protestbewegung und die Zukunft des Sozialstaates

Artículo publicado en: Neue Gesellschaft / Frankfurter Hefte ; 59(2012) 1/2 ; S. 48 – 51

Resumen: Am 15. Mai 2011 formierte sich auch in Spanien breiter Protest gegen soziale, wirtschaftliche und politische Missstände. Unser Autor transportiert Gefühlslagen und Weltsicht dieser als Movimiento 15-M (»Bewegung 15.Mai«) oder Indignados (»Empörte«) bekannt gewordenen Bewegung, vor allem jüngerer Aktivisten. Eine neue Herausforderung für Sozialdemokraten, nicht nur in  Spanien.

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Yo también soy 132

La otra noche pude compartir con los jóvenes de #yosoy132 Madrid. Recordamos que la lucha es una, en Madrid, el DF, Juárez, Asunción o Santa Cruz; que en 1939 México recibió a los republicanos del exilio con los brazos abiertos y que de aquél encuentro nacieron muchos sueños; que les debemos, por toda aquella generosidad, ayudarles hoy en su lucha. Que ya es tiempo de que el país de Zapata y Villa, de Lázaro Cárdenas y Frida Kahlo, de Pancho y de Adelita, de Marcos y de Rulfo, de Paz, Sicilia, Efraín Huerta y Sor Juan Inés de la Cruz camine con el resto de América Latina hacia su libertad. Por eso yo soy también 132. Con orgullo y alegría. Porque es así como siento a nuestros pueblos hermanados. Para que sepan que si tocan a uno nos tocan a todos. Porque juntos hacemos el horizonte más cercano.

Entrevista en Radio Nacional Argentina:¿Cómo que REPSOL es española?, 19/04/2012 [+Audio]

Entrevista en la Radio Nacional Argentina sobre la nacionalización de REPSOL y la respuesta, llena de patriotismo de las grandes empresas, que protagonizó el gobierno del Reino de España. Mientras, el país cayendo y perdiendo, precisamente en beneficio de esas grandes corporaciones, las ya débiles estructuras de Estado social. Menos mal que cada semana hay un partido de fútbol del siglo que nos tiene entretenidos.

Lección 8: monarquía: no hay perdón sin restitución