Socialismo y Consejos Comunales: La Filosofía Política del Socialismo en el Siglo XXI

Monedero, Juan Carlos. “Socialismo y Consejos Comunales: La Filosofía Política del Socialismo en el Siglo XXI”. En: Revista Comuna: Pensamiento crítico en la revolución Nº 4: Del Estado Heredado al Nuevo Estado, Año 3 (Enero, Febrero y Marzo 2011). Caracas: Fundación Centro Internacional Miranda y la Fundación Rosa Luxemburgo 2012, p. 97-142.

Introducción

Cumplidos veinte años del fin de la Unión Soviética y sumergidos en la mayor crisis económica que haya conocido el mundo occidental desde el crash de 1929, la reflexión sobre el único modelo que fue capaz de disputar la hegemonía al capitalismo y a la democracia representativa de partidos cobra una renovada actualidad. Pero la pertinencia de la discusión sobre el socialismo no lo libera de las controversias entre su teoría y su práctica, sobre la polisemia de su significado, sobre su “libro negro” y sus “libros blancos” –el directo, consistente en sacar a cientos de millones de personas del feudalismo e ingresarlos en la modernidad o el de frenar el avance de las potencias del eje en la Segunda Guerra Mundial, y el indirecto, que habría conseguido al “ordenar” el capitalismo gracias a su desafío y generar las bases del Estado social y democrático de derecho en Occidente, puntales de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU de 1948.

El socialismo en el siglo XXI necesita articular bases compartidas que permitan ir construyendo referentes teóricos. Para cimentar referentes científicos acerca del socialismo hace falta precisar algunos lugares compartidos, si bien, al configurar el socialismo una propuesta normativa, esta tarea se torna ciertamente complicada. Intentando superar las dificultades, hace falta, en primer lugar, una definición de lo que sea el socialismo. Buscando su esencia, su principal rasgo puede encontrarse en una empatía radical con los demás miembros de la comunidad, en la generosidad con el otro al margen de cualquier reciprocidad. Esta sujeción del socialismo a la idea de “amor” tiene, cubierta la arena inmediata de la comunidad, un vuelo más alto que llega más allá, alcanzando a las generaciones futuras (el compromiso ecológico y fiscal con los que no han nacido), otras comunidades (la idea de internacionalismo) y los demás seres vivos con los que se comparte la biosfera (un ecologismo radical).

La posibilidad de pensar el socialismo pasa por una reconsideración de la naturaleza humana y por una construcción de un lenguaje diferente sostenido en prácticas diferentes. En tercer lugar, hay que detenerse en el papel del Estado, lugar esencial, junto a la participación, del impulso de la sociedad socialista. En cuarto lugar, hay que precisar cuáles son los elementos que debieran articular ese socialismo y en qué se diferencia de las prácticas del socialismo en el siglo XX (con una enunciación de sus aciertos y errores, del papel del nuevo sujeto plural y de los problemas que implica un supuesto “socialismo científico”). Por último, está pendiente establecer cuáles son los valores que hay detrás de lo que vaya a ser el socialismo en el siglo XXI. Un ejercicio clarificador es comparar los valores del socialismo en el siglo XXI con las otras grandes concepciones del siglo pasado: el liberalismo, el socialismo del siglo XX y el neoliberalismo. Nada aporta construir un marco teórico autoalimentado. El error del materialismo histórico es que terminó siendo un idealismo ahistórico que dio por hecho un futuro que aún no había tenido lugar. El socialismo no puede entenderse al margen de las realidades históricas que lo hicieron surgir, de los desarrollos tecnológicos, políticos, culturales en marcha ni de los actuales procesos que lo confrontan. Aún más, esas confrontaciones –que llegan incluso al golpe de Estado por parte de los que adversan cualquier alternativa al modelo capitalista- tienen muchas probabilidades de ser quienes determinen los contornos de los socialismos en ausencia de modelos cerrados. Eso hace aún más urgente el esfuerzo teórico.

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