Curso urgente de teoría del Estado (12)

Es un error común de la economía, incluida la crítica, hacer de los datos económicos la variable independiente de la explicación social (esto es, la variable de la que dependerían el resto de los asuntos). Actuando así, se olvida que no hay economía al margen del resto de los elementos sociales. En la tradición occidental hacemos “ana-lisis”  (descomponer algo causalmente hacia atrás en diferentes partes) y olvidamos hacer “síntesis” (recomponer lo que en la realidad no está fragmentado). Los economistas, separan lo económico para observarlo y luego olvidan regresarlo al conjunto social. Con esta manera de obrar, justifican la primacía de una economía separada de lo social, lo que, incluso en el ánimo crítico, dificulta crear una estructura económica emancipatoria. Más sencillo: si la economía se entiende separada de los demás elementos sociales, se convierte en una máquina que nos convierte a su vez en instrumentos deshumanizados.

Una vez que se ha separado lo económico de los demás elementos sociales (la política, la cultura y los aspectos normativos), queda a la misma altura analítica quien afirma vehemente “esto es lo que hay” que quien dice “vamos a la catástrofe”. En esta línea de actuación, la referencia a una lectura poco matizada del caso alemán hace, en el medio plazo, más daño que bien a la causa emancipadora.

No es cierto sin más que en la Alemania pre-nazi, lo económico -más en concreto, las dificultades que sufría la clase obrera y las clases medias- fuera la única variable que determinaría el ascenso de Hitler. Claro que lo económico es esencial -es la “estructura” de la sociedad, sobre la que se asienta el resto de aspectos- pero tenemos que entenderla también en relación con la cultura de la época, la superestructura normativa, los rudimentos del Estado de derecho, con la referencia de un Estado hegeliano incuestionable, y, de manera clara, con lo político. Actuando así, encontraríamos que no hay Hitler sin el golpe de Estado previo en Prusia, donde la socialdemocracia decidió -como en la España de 1936- no repartir armas entre los obreros; que no hay Hitler sin unos banqueros y grandes industriales impunes, a los que se dejó durante demasiado tiempo convertirse en señores feudales arropados bajo formalismos democráticos; sin brazos nazis armados que peleaban la calle contra comunistas y socialistas; sin un sistema judicial anticomunista e inclinado al autoritarismo dentro del orden vigente -capitalista y aristocrático-.

La conclusión de esta reflexión es simple: la catástrofe económica no viene “autorregulada”, sino que tiene como fase previa el abandono de los sectores populares de la puesta en marcha de una acción colectiva conflictiva que luche por un modelo alternativo. Cuando el sector público deja de invertir y gastar es porque la lógica del modelo se lo impide. Pensar que podría hacerlo es creer en una suerte de “capitalismo con rostro humano”, algo impensable cuando hay que sincerar la economía financiera -desatada en las fases de crisis- con la economía real -estancada-. Hay que buscar soluciones inmediatas a los problemas inmediatos, pero no hay que perder de vista la necesidad de pensar el modelo alternativo. Y los cambios estructurales siempre son revolucionarios, esto es, siempre cambiar el orden existente.

El profundo error del Gobierno alemán: los orígenes del nazismo
www.vnavarro.org
“Este artículo señala los paralelismos existentes entre la situación en Alemania en los años 1931 y 1932 (cuando las políticas de austeridad impuestas por el gobierno alemán causaron una gran depresión, causa del nazismo) y la existente hoy en muchos países de la Eurozona como Grecia y Portugal, resultado de la aplicación de las mismas políticas de austeridad exigidas ahora por el gobierno alemán de la canciller Angela Merkel…”

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