Curso urgente de teoría del Estado (11)

La lección más clara de la impunidad con que se aplicó en América Latina el neoliberalismo, con la plena connivencia de una clase política cooptada por el sector financiero, fue la pérdida de la autorización política, es decir, la ruptura de la ficción según la cual ganar unas elecciones guiadas por una interpretación débil de la democracia, permitía a los ganadores gobernar un país como si poseyeran un cheque en blanco durante cuatro años. Se vio en Argentina, en Ecuador, en Bolivia que ganar unas elecciones, una vez desenmascarada esa ficción -la de pasar por democracia lo que no es sino la cartelización de unos partidos controlados por unas cúpulas partidistas rehenes o copartícipes del neoliberalismo-, no significa ya gran cosa.

El poder es una relación social, y si el pueblo deja de obedecer, la democracia representativa se derrumba como un castillo de naipes que, sobre la mesa, se demuestra lleno de ases que estaban en la manga de los poderosos. El poder nervioso de Goldman Sachs sobre la economía europea, que le lleva a romper las formalidades de la democracia formal, acelera la desautorización del sistema y acerca la necesidad de reconstruir el contrato social sobre bases realmente democráticas.

En Europa el poder es de Goldman Sachs
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“Pertenecen a la red que Sachs tejió en el Viejo Continente y, en grados diversos, participaron en las más truculentas operaciones ilícitas orquestadas por la institución norteamericana. Además, no son los únicos.”

 

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