La reforma de la Ley Electoral

Publicado en Getafe Capital N° 211, 30 de junio de 2011

Como se recoge en el libro No nos representan, el movimiento ha expresado con claridad su opinión sobre la reforma electoral: “¡Vota y no te metas en política! Es la propuesta que nos hacen cada cuatro años. Pero queremos ir a votar, no ir a fichar. Queremos cambiar la ley electoral, para que podamos participar de otras maneras y también para que sea verdad que todos los votos valgan lo mismo. Queremos que los programas electorales tengan el valor de un contrato […]. Queremos jueces que sean realmente independientes de la política, del dinero y de los propios intereses particulares de los jueces. Queremos que los corruptos estén fuera de la política y que nuestra voz vaya más lejos que una simple papeleta”. Es un lugar común del 15-M entender que el Parlamento no representa la pluralidad de España. En los últimos treinta años ha habido una profunda pérdida de demodiversidad. Si el PP y el PSOE rondaban el 60% del Parlamento en los comienzos de la democracia, hoy prácticamente lo copan. La ley electoral, el voto útil, los medios que sólo hablan de dos partidos, el coste de las campañas han cartelizado la política española. Una vez cartelizada, la está americanizando, caminando hacia un sistema con dos grandes partidos cuyas diferencias son de grado. De ahí que no sea extraño el “Ni PSOE ni PP” del movimiento.

Recogíamos en No nos representan esa idea. Para el 15-M, los partidos han dejado de entender qué ocurre. Han creído que la política era lo que ellos hacían, ignorando todo lo que no se sentaba a su mesa. “Los políticos saben tanto de política como los pájaros de ornitología”, rezaba un cartel. Y por eso se recuerda que el voto nulo y el voto blanco serían, de haberse presentado como partido, la cuarta fuerza política en España. […] En el centro (a la izquierda) de la reflexión del 15-M está la ley electoral, que aunque data de 1985, en verdad es prácticamente igual a la que sirvió para someter a referéndum la Ley para la Reforma Política de 1976. Se trataba de sobrerepresentar a las zonas rurales y a los grandes partidos. Los cambios que se plantean tienen dos niveles de complejidad. El primero es muy sencillo, pues no precisa cambios constitucionales. La horquilla que permite la Constitución está en 300 y 400 diputados. Subir de los 350 actuales al tope constitucional permitiría que entrasen partidos más pequeños. También habría que bajar en algunas comunidades la barrera electoral (el 3% ya está bien). Y hay que dejar de echarle toda la culpa al pobre D’Hondt. La fórmula de D’Hondt lo único que hace es coger los votos de cada partido y dividirlos por el número de escaños de su circunscripción (uno, dos, tres…), y luego ordena las cifras resultantes más altas y reparte los escaños de mayor a menor.  Favorece a los partidos mayoritarios porque los escaños que se reparten en cada provincia son pocos. Y la tercera fuerza (IU) siempre se queda a unos miles de votos de alcanzar el escaño, cosa que lograría de haber alguno más.

Como decimos, el problema no está solamente en la fórmula D´Hondt. Se aplica en otros sitios, como Bélgica, y logra gran proporcionalidad. […] Para las elecciones al Congreso, la Constitución y la ley asignan un número mínimo de diputados a todas las provincias (dos, sean pequeñas o grandes). Esta asignación, igual para todos, sobrerrepresenta a las zonas rurales y desvirtúa el resultado final. Bastaría  hacer desaparecer esa asignación y atribuir el número de escaños por provincia según la población para que fuera cierto que el voto cuesta lo mismo en todo el Estado.

¿Y tiene sentido el Senado? Tal y como está, es solamente una cámara para enfriar las leyes que salen del Congreso. Para que realmente fuera una cámara territorial, que representase la pluranacionalidad de España, debería elegirse en las circunscripciones autonómicas. Una lista única por cada Comunidad Autónoma en vez de elegirse en listas en las provincias.

Y está también el tema de los candidatos. De todas las posibilidades que existen, la ley española optó por la fórmula menos representativa: las listas cerradas y bloqueadas. A la hora de votar, no queda sino apoyar a la lista entera que un partido ha confeccionado. Aunque entre ellos esté un corrupto o un maltratador, un racista o un vago. […] Hay que pensar nuevas formas. Las listas abiertas y no bloqueadas para el Congreso de los Diputados forman parte de la discusión.

También está en las líneas de trabajo cambiar la circunscripción, hoy asignada a las 50 provincias, más Ceuta y Melilla. En vez de votar en las actuales provincias ¿por qué no crear circunscripciones más pequeñas, donde podamos elegir al diputado o la diputada de nuestra circunscripción, al que podremos conocer personalmente, de manera mayoritaria? Esa fórmula puede completarse con un doble voto en listas cerradas y bloqueadas (modelo alemán). Un voto mayoritario al candidato que conocemos, un voto proporcional a la lista que prefiramos. Así se fomenta la mayor cercanía del elector con su representante, una mayor disposición a escuchar las demandas populares inmediatas y la posibilidad de controlar el cumplimiento de las propuestas electorales. Ayudaría igualmente a la renovación de los partidos políticos y los abriría a una mayor disposición a escuchar a los electores. ¿Difícil? Nadie dijo que la democracia fuera fácil. Los mensajes del movimiento nos ayudan: “Ya tenemos Sol. Ahora queremos la luna”.

Juan Carlos Monedero
Departamento de Ciencias Políticas de la UCM

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